En tiempos de la Colonia, una oficina llamada del “apartado”, en la que se apartaban el oro y la plata, daba lugar a molestias para los vecinos; de ahí que se buscara un lugar fuera de la antigua traza, y de ahí también el nombre de la calle, que corría de poniente a oriente siguiendo a la de la Pulquería de Celaya, comenzando en la esquina de la del Puente de Leguízamo y terminando en la del Puente del Carmen.
No era totalmente paralela a las otras del centro, sino que se desviaba hacia el norte a causa de la direccional que seguía una de las acequias, la séptima precisamente donde cruzaba la población, y que nacía en la calle de San Juan de Letrán en el puente del Zacate, corría 1,095 varas y en la compuerta de San Sebastián se cruzaba con la que venía de Mexicalcingo y que corría 2,840 varas.
La mayor parte de estas acequias fueron cegadas en la última década del siglo XVIII, tocándole también a la que nos ocupa, por el año de 1794, más solo se cerró hasta pasada la bocacalle del Puente del Carmen, desapareciendo este puente y continuando abierta la acequia al costado norte de las casas que forman el lado oriental de dicha calle, hasta el año de 1886 en que se tapó.
Esta oficina era dirigida por un alto empleado llamado el Apartador General de Oro y Plata de la Nueva España. Las acequias provocaron en el barrio una escasez de agua, el mencionado apartador ordenó construir una fuente en 1811, proveyéndola con el excedente del líquido que disfrutaba la oficina mencionada. La fuente desapareció con el tiempo, pero se conserva un arco arriba del lugar que ocupó, y en él esculpida esta frase: “En obsequio del público, el Apartador General. Año 1811”.
El edificio en que estaba el apartado empezó a sufrir deterioros con el transcurso de los años, reparados por cuenta de la Real Hacienda en el gobierno virreinal, y por cuenta también de la República después de la Independencia. Una vez restaurado se inauguró, asistiendo al acto el general Santa Anna, y poco tiempo después, en 1847, el gobierno arrendó el apartado y la Casa de Moneda, a particulares, en la cantidad de $174,000.00, por el término de diez años, entrando en el contrato trasladar al nuevo local la Casa de Moneda, que estaba en Palacio, a la casa de Apartado, como se hizo.
Ya que estamos tratando de la calle del Apartado, merece que digamos algo del personaje que llevó el título de marqués del Apartado, fue hijo del señor de Fagoaga, que por mucho tiempo desempeñó el cargo de Apartador de Oro y Plata en el Reino de la Nueva España. Teniendo en cuenta sus méritos y honradez en el referido empleo, se le concedió el marquesado a su hijo.
Este señor se llamaba don Francisco Cayetano de Fagoaga y Arozqueta y nació en las esquina de las calles Puente Leguízamo y del Apartado, en una casa deteriorada por los siglos que aún existe, en donde vivieron su padre y su madre doña María Magdalena de Villaurrutia.
Y si aquel apartador mereció el respeto y las consideraciones de cuantas personas lo conocieron, por sus relevantes dotes, éste don Francisco también desempeñó cargos de importancia como ministro de Relaciones (1832). Alcalde Primero del Ayuntamiento (1823), distinguiéndose siempre por sus sentimientos caritativos, no solamente en lo relativo a proporcionar medios de vida a cuantos a él acudían y que eran verdaderos necesitados, sino también a las instituciones benéficas como hospitales, asilos, hospicios, etcétera, que siempre lo contaban entre sus piadosos benefactores.
Al morir, en julio de 1851, sus restos fueron sepultados en la capilla del Hospicio.
De importancia fue el Mayorazgo formado por las propiedades que enriquecieron el marquesado del Apartado, contándose entre sus mejores fincas la que se adaptó para Casa de Moneda, y el edificio suntuoso que actualmente ocupa la Secretaría de Educación Pública, en la avenida llamada hoy de la República Argentina, esquina con la calle de los Donceles, edificio que proyectó y dirigió el célebre arquitecto valenciano don Manuel Tolsá, y en el que se destaca el estilo neoclásico tan bello en sus severos lineamientos.